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EL LIDER POLITICO

Por Lic. Claudio M. Pizzi

Es interesante revisar de vez en cuando los significados de algunas palabras que al ser unidas conforman cierta contradicción.

Si uno toma la palabra LIDER y la suma a POLITICO, la imagen que nos llega a la mente es la de las grandes personalidades de ayer y de hoy. De seguro encontraremos figuras que van desde F. Castro a M. Gandhi. Ahora bien, en nuestras organizaciones, solemos definir al líder organizacional como la persona capaz de influir en su grupo de trabajo. El líder a través del convencimiento, haría más sencilla la tarea de la dirección, bajando los lineamientos necesarios para impregnar a la gente de los planes, objetivos y procesos que se tienen que llevar a cabo con eficiencia y eficacia.

De hecho, la diferencia entre el concepto de autoridad por el cargo y autoridad “por encargo”, es la misma que se utiliza para diferenciar a un líder de un gerente o jefe.


El jefe detenta la autoridad por el cargo, y el líder la autoridad por encargo, dado que ésta suele ser atribuida por los miembros de su equipo o grupo.

Es por ello que muchas empresas invierten en programas de capacitación para convertir a los jerárquicos en líderes.

Ahora bien, la pregunta que surge casi instantáneamente es: ¿a quién responde un líder?, y la segunda, ¿a quién debe responder un líder?

Allí es donde comenzamos a encontrar contradicciones organizacionales interesantes.

Un líder es una persona con capacidad de influir en los demás. Para ello, debe generarse un cuerpo de valores sustentables en el tiempo. Un líder es ejemplo y conducta. Por otro lado, veamos la palabra político. Cuando una persona se pronuncia desafiando las reglas establecidas se lo define como “políticamente incorrecto”. Esto es lo contrario a “querer quedar bien”, por lo tanto, un líder puede llegar a ser políticamente incorrecto cuando los mensajes que debe bajar a su gente se chocan con sus valores, con sus principios.

Esta situación se agrava cuando los líderes no comulgan con la Visión, Misión y valores de la empresa.

Un líder político en las organizaciones es un NO líder, porque el verdadero liderazgo tiene parámetros fijos. Sus principios y valores no pueden ser adulterados en base a la conveniencia del momento. Si esto no puede ser aceptado por las empresas, entonces ¿qué sentido tiene el intentar forjarlos?

Existen muchas compañías que buscan comprar las virtudes del líder pero no están dispuestas a aceptar los inconvenientes que estos traen aparejados.

Tratar con personas es lo difícil porque cada uno de nosotros en sí mismo es un universo lleno de dudas, contradicciones, certezas e incertidumbres. Unir un grupo de personas y transformarlas en un equipo no es sencillo, menos lo es aún el pretender generar líderes que se pongan al frente de ellos.

Se debe ser muy responsable y cuidadoso cuando en los anuncios de empleos se consigna como atributo buscado y con liviandad la: “capacidad de liderazgo”. El liderazgo es el motor de toda organización, es una fuerza contundente y no es sencillo manejarla y mucho menos manipularla.

Creo que todos debemos reflexionar sobre las cuestiones intangibles que suelen ser preponderantes a la hora de los resultados económicos.

Creo importante resaltar que los resultados económicos y sociales se encuentran siempre vinculados.

Se pueden obtener resultados económicos sin resultados sociales, pero es difícil generar resultados económicos sostenibles sin los sociales.

Lo correcto es generar resultados sociales para obtener los económicos. Para ellos, la figura del líder es central y el saber buscarlos y tratarlos adecuadamente, es la clave para obtener ambos.

Los resultados sociales importantes en las organizaciones y en general, provienen de buenos liderazgos. De líderes asertivos, en buena parte de los casos, políticamente incorrectos.


Lic. Claudio M. Pizzi

www.dorbaires.com

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