¿Se’ igual?
Editorial © by Ricardo Vanella
En las telenovelas, en los programas de chismes, en las canciones, y especialmente durante el festejo de San Valentín -día de los enamorados-, escuchamos hablar de “El Amor”. Pero..., ¿de qué están hablando, realmente?
Les propongo reflexionar muy brevemente acerca del amor en relación con los ámbitos de nuestras vidas cotidianas, como por ejemplo la política, la economía, las relaciones interpersonales, el sexo, etc.
Por “amor” nos refereimos precisamente al sentimiento de afecto, al concepto universal relacionado con la bondad y la afinidad entre seres.
¿Cuánto amor percibe usted, a diario, en la economía, en la política, en los medios, en las relaciones interpersonales, en el sexo?
¿Cuántos recursos se invierten concretamente para promover y fortalecer el amor de las parejas, el amor familiar, el amor de amistad fraternal, el amor hacia la naturaleza, hacia la humanidad, hacia Dios? ¿Tiene relación esa falta de inversión, con la fenomenal crisis mundial en acto, aún sin nítida solución en el horizonte?
Las tres grandes religiones monoteístas -el Cristianismo, el Judaísmo y el Islamismo-, como así también la mística milenaria, coinciden en que el amor, es Dios mismo. Por lo tanto, quien se aleja del amor, se aleja de Dios; y viceversa.
¿De qué se trata todo esto, entonces?
Al salir a la calle, la gente expresa -de manera directa o indirecta- cierta repugnancia, desprecio y bronca por la situación actual generalizada.
¿Usted no lo cree, no sabe de qué hablo? Lo invito a darse una vueltita por allí y preguntar a los primeros que pasen.
¿Se debe acaso a esa suerte de “sálvese quién pueda” establecido, en donde “todo vale” -con tal de saciar los propios impulsos y objetivos, sin tener en cuenta más nada ni nadie- aplicado con temeraria destreza en todos los sectores, incluyendo lo político, lo económico, lo social y, probablemente, también en lo sexual?
Al tratarse de seres humanos, es legítimo considerar que la sexualidad no se reduce a un cocktail de hormonas, alguna bebida alcohólica y un condón. En el mismo sentido, la educación sexual -enseñanza cuyo objetivo es brindar alimento para discernir- no debe limitarse a un manual instructivo de mecánica, dedicado a tornillos y arandelas.
Valdría la pena agregar conceptos de trascendencia, alguna palabra sobre la familia, el amor, el respeto, la prudencia, la ética, la estética, la felicidad, el mediano y largo plazo; y, por qué no, la visión de filosófos y religiosos.
¿Quién dice que no existe conexión alguna entre la política, la economía, la sociedad, el sexo, y las cuestiones “de dónde venimos, quiénes somos, a dónde vamos”?
Ya hemos resaltado, en otras ocasiones, el indispensable valor de la tolerancia y que nadie puede tirar la primera piedra; ni tampoco es realista pretender que la gente se lave en agua bendita todos los días.
Pero aceptar que te metan la mano -en la billetera, en las instituciones y en las partes más íntimas- sin decir “ni mú”, va en el sentido contrario a la propia libertad.
Les propongo reflexionar muy brevemente acerca del amor en relación con los ámbitos de nuestras vidas cotidianas, como por ejemplo la política, la economía, las relaciones interpersonales, el sexo, etc.
Por “amor” nos refereimos precisamente al sentimiento de afecto, al concepto universal relacionado con la bondad y la afinidad entre seres.
¿Cuánto amor percibe usted, a diario, en la economía, en la política, en los medios, en las relaciones interpersonales, en el sexo?
¿Cuántos recursos se invierten concretamente para promover y fortalecer el amor de las parejas, el amor familiar, el amor de amistad fraternal, el amor hacia la naturaleza, hacia la humanidad, hacia Dios? ¿Tiene relación esa falta de inversión, con la fenomenal crisis mundial en acto, aún sin nítida solución en el horizonte?
Las tres grandes religiones monoteístas -el Cristianismo, el Judaísmo y el Islamismo-, como así también la mística milenaria, coinciden en que el amor, es Dios mismo. Por lo tanto, quien se aleja del amor, se aleja de Dios; y viceversa.
¿De qué se trata todo esto, entonces?
Al salir a la calle, la gente expresa -de manera directa o indirecta- cierta repugnancia, desprecio y bronca por la situación actual generalizada.
¿Usted no lo cree, no sabe de qué hablo? Lo invito a darse una vueltita por allí y preguntar a los primeros que pasen.
¿Se debe acaso a esa suerte de “sálvese quién pueda” establecido, en donde “todo vale” -con tal de saciar los propios impulsos y objetivos, sin tener en cuenta más nada ni nadie- aplicado con temeraria destreza en todos los sectores, incluyendo lo político, lo económico, lo social y, probablemente, también en lo sexual?
Al tratarse de seres humanos, es legítimo considerar que la sexualidad no se reduce a un cocktail de hormonas, alguna bebida alcohólica y un condón. En el mismo sentido, la educación sexual -enseñanza cuyo objetivo es brindar alimento para discernir- no debe limitarse a un manual instructivo de mecánica, dedicado a tornillos y arandelas.
Valdría la pena agregar conceptos de trascendencia, alguna palabra sobre la familia, el amor, el respeto, la prudencia, la ética, la estética, la felicidad, el mediano y largo plazo; y, por qué no, la visión de filosófos y religiosos.
¿Quién dice que no existe conexión alguna entre la política, la economía, la sociedad, el sexo, y las cuestiones “de dónde venimos, quiénes somos, a dónde vamos”?
Ya hemos resaltado, en otras ocasiones, el indispensable valor de la tolerancia y que nadie puede tirar la primera piedra; ni tampoco es realista pretender que la gente se lave en agua bendita todos los días.
Pero aceptar que te metan la mano -en la billetera, en las instituciones y en las partes más íntimas- sin decir “ni mú”, va en el sentido contrario a la propia libertad.
Ricardo Vanella